Hacía buen tiempo que no conversaba con mi amiga la ilustre Juana Peña que con su gran talento desenmascara filisteos por doquier. Me cuenta que estuvo de viaje y al regresar encuentra al país sufriendo una epidemia de insurrecciones, lo que la ha llenado de desasosiego. En los dos últimos años ha habido innumerables protestas, por una cosa o por otra ley, por los aumentos y los ensanches, por los muchos crímenes y criminales sin nombre y por los desatinos de los que mal escogen...
Dice la Juana que este gran desorden entre otras cosas te indica complicidad y encubrimiento por parte de las autoridades y demás interesados, por lo qué: los que deben cuidar no cuidan y roban y matan y los que deben defender agreden y humillan por doquier. Según Juana, a ella le contaron que es tal el tráfico de influencias que los "leguleyos padres de no sé quién" no se dan abasto intercambiando figuritas entre primos y parientes, amiguitos y los compadres de mi papá. ¡Qué horror! Según Juana hay que temer, ya que parecida era la cosa en los tiempos de la venta de indulgencias.
Últimamente, son muchos los asesinatos y suicidios, en particular entre las parejas que algún día se amaron. Cosa rara esta, dice Juana. Se quieren tanto que se dan de puños, patadas y empujones y cuando esta desmesura se les queda chica, el agresor (que casualmente es hombre) les da de tiros. Esa es otra.
Me dijo Juana Peña, que a ella le contaron por la red que un personaje, de los señalados con el dedo, se vio envuelto en una de esas trifulcas domésticas en donde empujaba por doquier y en privado a la señora, hasta que se hizo pública la azotaína. Y en mal momento... cuando entre una larga lista de candidatos había sido escogido precisamente para defender lo indefendible que generalmente afecta a las desposeídas de bienes y de afectos. Una avalancha de clamores iracundos envuelve a la ciudad, dando tumbos entre periódicos, emisoras y televisoras y finalmente las calles se tiñen de rosado con el andar de las féminas.
El recién escogido dizque por su don de gente, pureza de alma y gran corazón, se transforma en personaje indómito y levantisco. Con una sonrisa torcida y mirada fulgurante, falto de toda ecuanimidad, según nos cuenta la Juana, arremete contra todo lo que se mueva. Dice varias veces, que todo es pura "M..." de los proclives funcionarios que corrigen los males sociales; Ellos solo buscan favorecer a las mujeres (no se confunda con los favores de los reclusos). Y sigue diciendo el "escogido" de acuerdo a la lógica del mal de muchos consuelo de bobos, que los hombres también son maltratados, así que ¿por qué tanto alboroto? Con la voz quebrada por la indignación me sigue diciendo Juana, que al fragor de los cruces de palabras y la vocinglería de las marchas, el susodicho, empezó a cultivar con toda desmesura e impudor posible, la más desaforada defensa tanto de sus acciones, como de su destino manifiesto, ya que ha sido el escogido entre todos los otros. Concluye entonces que todo esto no es más que el resultado de una horrenda envidia por parte de uno que se quedó "vestido y alborotado".
Estos comentarios desatinados dieron lugar a una gran hecatombe que a muchos les dejó el alma seca y la boca abierta y los que metieron la pata dieron pruebas asombrosas del más deslumbrante talento para decir mucho y no decir nada. Quizás este sea el caso cuando las catástrofes se convierten en coyunturas milagrosas, sobre todo si ayuda a algunos a superar su mediocridad asfixiante, creándoles tribulaciones en la conciencia.
Panamá, domingo 9 de abril de 2006
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